martes, 30 de septiembre de 2008

PIRCCA: UN MONUMENTO NACIONAL EN RUINAS.

Pircca, es el nombre de una comunidad campesina como tantas otras de Paccarectambo(Paruro), olvidada por el Estado, estafada por los arquitectos e ingenieros, por los doctores de la corrupción que llegaron hasta ese alejado lugar donde Dios se tropezó, sólo para llevarse la limosna presupuestal que algún Ministerio les asignó por compasión.

Ayer estuve en Pircca: Sus cuarenta chozas están distribuidas de manera irregular en un pequeño triángulo inclinado al borde de un precipicio sobre el Río Apurimac.

Sus viejos adobes se caen pulverizados por el tiempo. Las chozas casi destechadas por el viento datan de 1940. Es como si a alguien se le habría ocurrido construir un pueblo en el lugar más inaccesible y pequeño. Sus pocas tierras de cultivo han sido expropiadas inmoralmente por un falso hacendado y ex convicto de apellido Monterroso, que ahora gracias al amparo del Juez inepto de Paruro tiene el apoyo de la Ley, mientras el pueblo se muere de hambre.

Pircca, es el mejor lugar para llorar nuestras desgracias. Allí las lágrimas tardan en caer, pueden caer 500 o mil metros en el abismo. Si hay un lugar hermoso para suicidarse, ese lugar es Pircca.

Este villorrio posee una capilla al que pomposamente llaman Templo de Santiago Apóstol, que ha sido declarado por el INC RDN Nº 1472 como Monumento de la Nación. Sus habitantes casi todos apellidan Gutiérrez, Macías, Salas, Valencia, en honor al primer propietario legal de esta comarca Don Santiago Gutiérrez. Sus habitantes son de tez clara, casi blanquecina, pero eso no los libra del alcoholismo.

Quienes conocen la historia afirman que el templo data de la segunda mitad del siglo XVII. Poseía 15 lienzos de la Escuela Cusqueña y otras 14 esculturas antiquísimas que ojalá estén en custodia del INC.

Sin embargo, los empleados del Gobierno Regional de Cusco no dudaron en meterle dinamita para construir el puente de Tincoj, remeciendo toda la gigantesca montaña y el histórico templo que está en la cima. Le metieron tantas toneladas de dinamita que las grietas en las paredes miden 20 centímetros. Pero los campesinos siguen allí.

Meses después vinieron los funcionarios de Defensa Civil y les exigieron ser reubicados. Los cuarenta pobladores ancianos, todos en bronco quechua dijeron que ellos preferían morir antes de dejar el lugar. Y allí están desafiando a las leyes de la gravedad.

Tiene una escuela que no funciona porque no hay niños. Tiene un presupuesto de 340,440.83 soles para restaurar su capilla, pero el residente de obra ARq. Aldo Soto ha abandonado el lugar con la obra inconclusa, pero ya se gastó casi dos terceras partes; lo que obliga a realizar una prolija investigación, sobre el destino de ese dinero.
Mientras tanto, las bolsas de cemento que quedan casi malogradas, permanecen dentro de la capilla, custodiadas como joyas.
Afuera, los centenares de adobes elaborados por la población campesina vuelven a ser barro con las lluvias.

El INC ha contratado a un guardián que tampoco esta allí. El párroco prefiere estar en las fiestas.
El INC está de duelo. El gobernador está ebrio desde la fiesta de la Virgen de las Mercedes (14 SEt). Y hasta las palomas han huido del lugar.

Alguien desde el fondo de la capilla denuncia a gritos: “¡Maypin gobierno! Iglesian urmayunqa caraju”. Mariano del Pilar Ugarte me mira con una justa cólera. La indignación me embarga. Quisiera carajear a todos los parásitos de San Bernardo y a todos los curas mercaderes que piden limosnas en nombre de Dios...Y no puedo hacer otra cosa que escribir este comentario para que quede como testimonio de este tiempo.

jueves, 18 de septiembre de 2008

LUCIANO OLAZABAL: UN AUTENTICO CHOLO EN MADRID.

De Luciano Olazábal se sabe muy poco en los últimos años, pero lo que nadie sabe es que a él le importa un rábano lo que piense la “sociedad”. Vive una vida de recogimiento en su humilde departamento de Madrid (España), con Yola y sus dos hijos.

Luciano, es actualmente mi corresponsal en Madrid y además conjuga su labor de artista con la de voluntario de ATD Cuarto Mundo y como producto de ello sus trabajos proyectan esa decepción que siente la clase excluida, por toda la mentira de la prosperidad sembrada hábilmente por los charlatanes de las ONGs.

Allá en España, conversamos hasta la embriaguez. Luciano a menudo se preguntaba, qué podemos esperar de los políticos peruanos y de las instituciones. Su opinión me saltó a la carta cuando vi sus innumerables dibujos, guardados debajo de la cama, en una bolsa de plástico que aquel día sacó diciéndome: “Hermano no he muerto, todavía vive el artista”. Sus dibujos a plumón o con palo de escoba revela una sucesión de protuberancias femeninas, que no necesariamente expresan una obsesión sexual, como dijo una sicóloga despistada, sino su agresiva crítica a la prostitución contemporánea.

Luciano, con su chullo calzado como un condón lanudo y su chalina con tres vueltas al cuello, tosiendo como tísico, supo ayudarme a conocer las chabolas de Madrid con los ojos de un emigrante. A diferencia de muchos latinoamericanos que a la semana de arribar ya están ceceando, él sigue manteniendo su acento indio-juliaqueño, con sus giros quechuas y su humor andino.

“A la distancia, Mario, lo único que nos queda, es la identidad, sino que somos”, se dice Luciano mientras hurga entre los contenedores gigantes de basura. ¡Perdón! Quise decir depósitos de papeles, periódicos y revistas.

Mientras lo miro extrañado, se sumerge en la basura y al rato sale sonriente con una revista de hace una semana y me enseña los artículos que le interesan y que luego recortará para ficharlos. Al final yo también aprendí a hurgar entre los basureros, al principio daba vergüenza pero después se nos hizo un pasatiempo.

Su arte es congruente con su forma de vida. Así como no tiene remilgos para coger un periódico del botadero, igual construye sus cuadros con latas de bebidas o componentes de computadoras. En realidad pocos saben que él no recoge basura, sino los símbolos menospreciados de una sociedad en descomposición que sólo atina a vomitar su consciencia.

En su mente, la lata de Coca Cola dialoga con la tinya y la tinya baila con un grupo de músicos clavados en una pared. Sus cuadros son quietos, sin movimiento porque el tiempo no transcurre para él y el movimiento andino se da cada quinientos años con el Pachacuti.

El puede estar muriéndose pero no vende sus cuadros, es como decimos en el Perú un “cholo terco”, así es su fidelidad. ¿Y por qué?, le pregunto. Cuenta que en toda su vida ha vendido sólo dos trabajos a cambio de una suma miserable: “Puedes creer hermano, que en una ocasión la ONG de los españoles intentaron ponerle precio a mi trabajo haciendo una regla de tres simple. Si un dibujo con cinco hombrecitos costaba cien, otro que tuviese sólo uno debiera costar la quinta parte”. Luciano, muere de risa contando esto, pero yo sé que le duele en la paleta del alma. Nuestra sociedad no se asombra con nada, ni siquiera su putrefacción lo sacude.

La cultura de Luciano, es una complicada andenería de huaynos mezclados con chicha y rock punkie.
- Luciano estás cojudo, como la chicha y el rock punkie pueden convivir?
- Mario, es fácil ambos estilos cuestionan la sociedad y a su manera contribuyen a generar ese cambio. ¡Eso me interesa!
- Y ¿por qué no vendes tus cuadros siquiera para comprar un par de chisguetes de óleo?
- No Mario, es mejor que estén aquí cerca. Los pobres, algún día, tenemos que demostrarles a los ricos su ignorancia, transformando su basura para vendérselos como arte. ¡Esa es mi venganza! Dice y ríe.

A Luciano lo veo caminando lánguidamente, sin volver la mirada atrás. ¿Hacia a dónde va? Sólo él sabe.

sábado, 6 de septiembre de 2008

LA UTOPIA CUSQUEÑA.



Nos pasamos la vida soñando con un mundo mejor. Otros de tanto soñar se pudren hasta convertirse en alcaldes, regidores, estafadores politiqueros o en el peor de los casos son congresistas.

Yo he sido uno de esos que soñó con un Perú donde todos seamos felices, donde no  haya miseria o desempleo; pero mis sueños se fueron desvaneciendo con los años y en cambio creció mi frustración. 

Más tarde vi a mis amigos, mis compañeros de sueños, hacerse politiqueros, luego los vi juramentando como autoridades en algún chiribitil; pocos se salvaron de la maldición de hablar hacia a la izquierda y comer con la derecha. 

La mayoría, al poco tiempo perdió la memoria, se convirtió en una masa amnésica, sin amigos, sin recuerdos; olvidaron todos los sueños y así terminaron como vulgares empleados fracasados, postulando a un cargo por cualquier partido, con tal de que les dieran una chamba a cualquier precio.

Y cuando alguien tuvo el coraje de decirles lo que pensaba dejaron de ser los amigos de antaño y por el contrario terminaron en una enemistad visceral. ES verdad, nos insultamos, yo también los insulte con la fuerza de mi rabia. Hoy los veo pululando, la gente los llama politiqueros traidores, pero no es así, alguna vez, hace muchos años también ellos soñaron con un mundo más justo para todos. 

Y así fuimos perdiendo la capacidad de soñar con un mundo distinto. A esta altura ya casi estoy convencido que la política es una forma de vida poco honrada, al que los honestos llegan por un accidente de los votos.

Es por estas razones, que hace una semana le había planteado a Alejandro Herrera, este sueño. Soñar con cambiar el mundo, donde como dice Vallejo, todos “estemos sentamos al borde de la mesa eterna, desayunados todos”. 

Una sociedad donde los chavetazos verbales del raje sean elogios sinceros de alguna capacidad escondida. Una sociedad, que cristalice sólo por dos horas al mes, para ver que se puede aun cambiar hacia a esa dirección que Thomas Moro imagino. 

Una sociedad donde podríamos despojarnos de nuestra miseria cotidiana, para re-educar al espíritu, oteando la posibilidad de un mundo diferente, sinceramente bueno, no esta miseria que vemos a diario y de la que somos parte.

Esa sociedad es algo así como una “Utopía andina”  en chiquito. Pensé que el lugar más adecuado, dada la cantidad de locos románticos, que concurren a ese lugar, sería el “Cofrecito” de Edwin Chávez.

La idea se la comente a Alejandro Herrera y a Roberto Romero, mi entrañable amigo. A ambos se les iluminaron los ojos como a niños y quedamos en vernos al proximo fin de semana. Para aquel sábado, nos preparamos desde temprano. Una de las primeras sugerencias sería andar descalzos como un acto de sencillez y horizontalidad, con los pies bien puestos sobre la tierra. 

Me dije: Tengo que llegar a la hora, porque seria inaudito que llegue tarde al nacimiento de esa nueva utopía chola, que aunque no tenga mucha consistencia material tendría que venir a este mundo con todos los honores de un parto incubado por muchos años. 

Ese sábado, llegue a la hora en punto. Había llevado una botellita de anisado para iniciar la sesión. Yo sabia que no vendrían más de cinco, pero con cinco buenos, suficiente me dije.

Toque la puerta de Tres Cruces de Oro, muy decidido; con golpes fuertes. Una sociedad imaginaria tendría que nacer fuerte y sonora. A los minutos Edwin me abrió la puerta, medio soñoliento, eran las 4 de la tarde. 

Hola Mario, que te trae por aquí, pasa.
Hermano vine a verlos. Hoy vamos a fundar la utopía cusqueña de Tres Cruces de Oro. (Reímos)
Está Alejandro?
NO, Alejandro tuvo que adelantar su viaje hoy a las 11 de la mañana, porque no pudo encontrar pasajes para más tarde. 

En silencio, nos tomamos dos tapas de anisado. Edwin ya tiene más canas que yo de tanto empujar estos sueños. Por mi parte, no dije ni una palabra. Después lo llame a Roberto Romero, suspendí la reunión y me sentí más solo que nunca... Si los poetas no son capaces de soñar, el mundo está desahuciado. 

viernes, 15 de agosto de 2008

LAS SORPRESAS DE FRANCIA.


Esto lo escribí hace más de un año y relata mi corta estancia en esa ciudad: Hoy tuve más tiempo para recorrer esta ciudad francesa llamada Mary sur oas. Salimos tarde como a las 9 de la mañana, sus calles se hallaban prácticamente desiertas. El cielo gris e indeciso razonaba una duda filosófica. En Mery sur oas, constantemente hay garúas por cinco minutos y luego no se sabe si lloverá o se pondrá a solear. En cambio, el viento que es el aliento de la naturaleza; gobierna todo, incluso sus gentes se mueven al compás del viento.

Ayer temerariamente dije que el friecito francés era una cojudez, pero estuve equivocado. Hoy como para desmentirme, el cielo francés muy ofendido se batió en combate con mis irresponsables comentarios, al afirmar que el frío cusqueño era verdadero frío y no la tontería que imagine.

Las nubes, el viento y la lluvia se unieron en santa conjura sobre mi difamatoria afirmación y a esta altura no me queda más remedio que tragarme las palabras en humilde acto de contrición.

Después, en medio de la lluvia fuimos a un minimarket, con Marco “cuervo” Ugarte y Rosario, es decir a una pequeñísima tienda de abarrotes francesa, sin embargo más grande que el Chinito. Al salir me quedé extrañado al ver a un sujeto bien vestido, rubio, limpio, con un reluciente abrigo negro que le caía hasta la rodilla; probablemente mejor vestido que yo.

Pensé que él me esperaba, detuve el paso y el curioso personaje dijo unas palabras en francés gangoso dirigidas a mí.

Yo me quedé mirándolo, por un momento me dije, este no puede ser televidente de la Jornada Informativa o ¿si? Trate de responderle con mis pocos recursos en francés pero nada, el hombre seguía insistiendo. Y como todos aquí son corteses no podía dejarlo con la palabra en la boca.

Merci..., excuse moi.., oui oui..Dije todas las tonteras que se me ocurrían; pero el sujeto nada, seguía mirándome humildemente y moviendo la cabeza con cada palabra que decía.

Ante esta situación Marco vino en mi ayuda y habló con él. Seguramente, dije será un despistado que se perdió, como pasó conmigo en una estación del metro, al llegar a esta ciudad.

Ya luego Marco con una sonrisa en el rostro, me contó. El sujeto de largo y reluciente abrigo negro no era otra cosa que un mendigo francés.

¿Un mendigo? El sujeto que tenía aire de aristócrata, no estaba sucio, ni manco, tullido o mutilado. El mendigo de ojos azules y cabello castaño era un respetado señor mendigo del primer mundo.

Yo no podía entender. ¡Pero si es un blanco! exclamé para mis adentros. Es verdad, Francia también tiene sus mendigos, su pobreza escondida, muy soterrada y bien vestida, como corresponde a esta vanidosa aldea llamada “la ciudad luz”.

Marco después de sonreír por buen tiempo, me explicó con ese tonito de antropólogo cosmopolita, que no existe en el mundo un solo país que no tenga pobres o mendigos

Aquí o allá, es fácil meterse la mano al bolsillo sacar la moneda más pequeña y entregárselo al mendigo y con un suspiro decir ¡pobrecitos, que pena!. Lo que pocos saben, es que la mendicidad hace más pobres a ambos , al que da y al que recibe, porque reduce la condición humana a una minusvalía económica que deteriora la dignidad del individuo que da y del que recibe.

En el proceso de la limosna, propiamente dicha, hay dos manos; una que está arriba soltando la moneda y otra que está debajo. Y ese sólo concepto de una mano encima de otra, es lesivo a la dignidad de todo ser humano.

Muchas veces la pacatería católica alienta esta forma de vida y nos hace ser conformistas al convencernos que los mendigos son un mal necesario. Es una responsabilidad de la sociedad, del Estado y nuestra finalmente, atacar sus raíces, las que por lo general permanecen escondidas.

Nunca olvidaré el rostro de ese francés, que parecía un querubín rubio, pidiendo un euro en la puerta del autoservicio. Algún día los “miserables” como los llamaba Víctor Hugo, harán algo por erradicar la pobreza y la extrema pobreza, ojala no sea de manera tan violenta como ocurrió a comienzos del veinte. Ese es el verdadero cáncer del nuevo milenio, que a nadie parece importarle.

UNIVERSITARIOS: EL CUSCO LES AGRADECE.

Ayer la juventud demostró que no es la generación equis que suponíamos. Ayer la juventud, con todas sus limitaciones nos ha demostrado su amor al pueblo y su capacidad de indignarse ante el costo de vida, que nos mata lentamente. Ayer la juventud cusqueña le ha dicho al Señor “Perro del Hortelano” que no vamos a tolerar su política de micro shocks, su gobierno exitoso con millones de desempleados, hambrientos y su huayco de corrupción.

Es posible que el manejo macro económico del MEF sea bueno. Debemos suponer que esa es la razón por la que este gobierno ha sido bendecido por el Papa Benedicto, santificado por el FMI, elogiado por el Banco Mundial, condecorado por el Club de Paris, honrado por el ALCUE, alabado por el TLC con EE UU; pero ¡carajo! no nos pidan que los sufridos peruanos nos arrodillemos para decirle gracias por matarnos de hambre.

Aquí estamos aún de pie, los qosqo runas, los herederos de los grandes hacedores de Machupicchu, los que gobernábamos casi todo el continente antes de que estos traidorcillos merodeen por nuestras costas buscando un pedazo de oro.

Aquí estamos nosotros, los muertos de hambre, los que gracias a los grandes éxitos macro económicos, ahora tenemos que vestirnos con ropas de segundo uso, compradas del baratillo sabatino; los que comemos en el mercado las sobras de los grandes hoteles. ¡Nosotros no bajaremos la cabeza!

El detonante último ha sido el incremento de los pasajes. Este es un chantaje, un chairazo hábilmente dirigido por los que ayer fueron luchadores sociales y hoy son los nuevos ricos del Sindicato de Choferes de la Pza. de Armas.

Propongo a pedido de miles de cusqueños que la Municipalidad y su caterva de regidores “moralistas” hagan lo necesario para que se declare la ruta libre.

Duele que nuestra vieja Policía Nacional, la del héroe Mariano Santos, haya cumplido un rol vergonzante; ayer ha apaleado a sus propios hijos, ha detenido a 30, torturado, disparado y ensangrentado a tres universitarios.

Señores policías, les pedimos que tengan cuidado con nuestros hijos: Hasta las acémilas tienen un poco de sensibilidad. ¿Cómo puede un padre disparar contra su hijo? Sólo el soldado mediocre puede excusarse diciendo: ¡Si yo disparé porque mi jefe me ordeno!

Señores, los estudiantes han vuelto a salir a las calles y no lo he de negar, los hemos aplaudido en los mercados. Con sus voces roncas gritaban y componían estribillos ¡Sayan no seas ratero y haragán! ¡García, ladrón de la CIA! ¡El pueblo quiere pan y plomo les da la milicia!

Los universitarios como hace veinte años volvieron a retumbar nuestras calles con sus voces frescas, sus ideas de justicia, su ¡ya basta! a tanto excremento político.

Alguien dirá: “Oiga usted estos son unos bandoleros han capturado 40 vehículos”. Y allí saldrá nuestro pueblo para decir que la toma pacifica de vehículos es simple y llanamente la pedagogía de los hechos. Son los acontecimientos los que ahora hablaran por nosotros.

Y mientras el pueblo saludaba a sus juveniles luchadores sociales. Una treintena de ellos fueron arrestados, golpeados, detenidos por la policía cainita del Cusco. ¡Perdonen! Señores uniformados, pero aquel policía que dispara en contra de su pueblo es un mercenario que carece de convicción, patriotismo o libertad.

Nuestros hijos, los hijos del pueblo no son saqueadores, no son los delincuentes que vagan prófugos con la complacencia de los coroneles. No son los asaltantes de la DIVINCRI. Nuestros universitarios son el fermento de la nueva patria, la patria de hombres honestos, demócratas y justos, sin fratricidios partidarios. Ellos son la conciencia del país, son la esperanza de que algo pueda cambiar en este Perú donde la corrupción de derecha y de izquierda nos tienen arrinconados.(280808)

ASÍ ÉRAMOS LOS BURROS ….


El Cienciano en aquellos tiempos debía ser el primero estudiando, jugando, enamorando o peleando. Quizás por eso, mi padre no obstante haberme podido matricular en La Salle o Salesianos quiso que ingresara a Ciencias.
El decía que la gente capaz no tenía por qué pagar para salvar cada año.

Cuando llegué a ese elefantiásico edificio de San Francisco, tal vez a los 6 años o menos, fue mediante un examen de admisión al primer año de primaria. Fue un día tenso, en medio examen salí al baño. Fue peor que postular a la universidad.

Felizmente ingresé y mi familia fue feliz y orgullosa; pero yo no, porque el colegio tenía muchas trazas militares. Que, los galones, la cristina, el desfile, el uniforme “caqui”. Me tuve que acostumbrar poco a poco; me acostumbre tanto que llegue a amarlo como mi segundo hogar. Al final cuando salí lloré como el primer día de clases.

En ese viejo colegio, orgullo de la raza humana, pasé toda mi infancia y adolescencia. Supe de sus sinsabores, simpatías, castigos y amores. Y cada vez que llega el 20 de agosto, siento que es un poco mi onomástico y el de toda mi vieja familia de vagos compañeros.

Recuerdo cuando una noche la selección de Garcilaso nos ganó en básquet. Surgió una voz desde la multitud y todos en dos trancazos llegamos hasta el frontis celeste para dejar graficada de manera surrealista nuestra ira cienciana.

¡Ah!, y en los desfiles, teníamos que ser los primeros. La banda de Ciencias era numerosísima y celosamente protegida por el profesor Flores. Cuando entraba a la Plaza de Armas, prácticamente atronaba, la gente se ponía de pie y hasta la Maria Angola desde su elevada altura nos miraba sonrojada al ver pasar tanta hombría juvenil en paso marcial.

Luego las discusiones bizantinas entre el cura Gálvez y el profesor “chivo” Chevarria. Este último era un materialista ilustrado que recitaba toda la Revolución Francesa en lugar de dictar. Una vez dijo en clases, sin alusiones por si acaso: “que podemos esperar de un cura con polleras, que cuando orina lo hace sentado como mujer”. El salón rió hasta orinarse pensando en el pobre cura.

El chisme le llegó calentito al cura que estuvo mascullando su respuesta varias semanas. Y por fin llegó el día. Un alumno dijo burlándose del curita que a veces era boca sucia como pocos:
- Padre, el profesor Chevarria nos ha dicho que él es un Dios, que el hombre es un Dios en el fondo.
- Bueno si eso piensa él, que problema. Si los herejes adoraron a un becerro de oro, ustedes por qué no pueden adorar a un chivo de mierda.
Bueno, esa ya era una guerra declarada, de la cual nosotros sacábamos enorme provecho, enfrentándolos y alimentando nuestro materialismo.

En ese colegio no había términos medios. O eras hombre o eras hombre, punto. No faltaron algunos afeminados que no tuvieron más remedio que trasferirse unas cuadras más arriba. Allí, en Ciencias se peleaba como hombre. Y si el profesor no era suficientemente digno pues igual tenía que acudir al cuadrilátero del honor.

En una ocasión mi primo el “wakachacan” Washington Carrión, fue ofendido en el salón de clases por un individuo que fungía de profesor sin serlo. El Washi lo espero tranquilo a la salida, se puso enfrente de él y lo mandó al hospital por un mes. Así eran aquellos tiempos…

No había profesor que no tuviera una chapa divertida. Recordemos algunos: el wiswi Pérez, el chiripichico Montesinos, el sapo Flores, el malandrín Aguirre, el q´aragallo Gallegos, el loco Batallanos, el cuellitos, el yango Silva, el siete-machus, el ratón vaquero, el pichichus, el cura paluco, jajaja.

En realidad todos teníamos chapas. Felizmente a mí desde el colegio ya nadie me llama de mi apelativo, pero durante esos once años que pasé allí, mi vida fue feliz, soñé en hacer la revolución, en ser un botánico, médico, filósofo, matemático y hasta padre de familia. Es decir el colegio cumplió con su rol, despertarnos una ilusión por la vida,

Es por eso que cada 20 de Agosto, los burros de este milenio y del anterior; de este planeta y de todas las galaxias del universo nos reunimos. Y valgan verdades, yo si creo que el Taytacha de los Temblores es Cienciano y si es así este domingo vendrá para marchar como cuando éramos niños. (150808)

CANILLITA PONE EN APRIETOS A PERIODISTA.


Esta mañana un amigo vendedor de periódicos y panfletos me preguntó: ¿Señor Carrión, usted cada cuanto tiempo escribe? Me quedé patitieso, sentí que me estaba enrostrando mi poca seriedad en la periodicidad de estos articulos. Pero más aún, sentí una puñalada en mi vanidad personal.
Quise responderle, que una vez por semana; habría sido falso. Pude haberle dicho, cada vez que me da la gana; habría sido irreverente. Pude haberle dicho cada vez que el periódico me solicita, pero no es cierto; al periódico le importa un bledo si escribo, mejor si no lo hago porque así queda mayor espacio para la publicidad.
Durante varios segundos me quedé en blanco, cuestionado en lo más íntimo por un modesto canillita. Finalmente pude decirle lo más sincero que se me ocurrió: Señor, yo escribo cada vez que la conciencia me oprime, cuando ya no puedo permanecer más tiempo en silencio, cuando es inevitable decir un par de cosas por mucho que me cause algún perjuicio.
La conversación con el canillita, me dio pie para muchas reflexiones. Sinceramente ¿Por qué escribimos los periodistas? A veces por que tenemos la obligación de presentar un cúmulo de carillas por día, a cambio de un sueldo. Y entonces el tema lo elige uno mismo o lo sugiere el director. Pero alguien como yo, que no tiene sueldo, no tiene horario, ni tema, ni provecho, ni predicamento, por qué lo hace?
En ocasiones les confieso, he intentado permanecer en silencio, no porque evite tocar algún tema complicado, sino porque pienso que mis cosas pueden llegar a ser extremadamente prosaicas y superficiales, eso que la gente llama cojudeces.

En ocasiones uno tiene vergüenza de mostrar su desnudez periodística. Y en mi caso, me pregunto, ¿por qué escribo? y ¿sobre qué escribo? Escribo porque es una forma de sentirme en paz con mi conciencia. Como diría mi amigo Boris Espezua de Puno, escribo para hacer una catarsis, y desahogarme de algo o arrojar algo que me atormenta sicológicamente.

Esa respuesta podría ser válida para un escritor emotivo con traumas existenciales, pero los periodistas no podemos responder como poetas, pues presumimos que nuestras motivaciones son más bien de orden social, vinculadas al interés colectivo o a la preocupación del pueblo.

Si esa preocupación no se interioriza con uno mismo, está demás escribir nada. Todo sería un fraude, una estafa al lector. Por eso me sentí acorralado por el “canilla”, porque a veces no deseo descubrir mis cuitas por un poco de pudor.

Está visto que la única responsabilidad que tiene un periodista al escribir, es escribir con veracidad de aquello que sienta, de aquello que lo atormente, de aquello donde su opinión pueda ser útil para construir algo. De lo contrario está demás.
Volvió con su impertinencia el canillita:
- ¿Para qué escribe Sr. Carrión?
- Hum, escribo, para sentirme en paz con mi conciencia. Escribo para ser leído por la gente solitaria. A ver si coincidimos en algo. Escribo con la pretensión de que, poco a poco, seamos menos misántropos, porque la soledad mata.
Me parece que un lobo estepario aúlla no porque le duela algo, sino para saber si hay alguno otro que piense igual. Me hice el apresurado y no tuve más remedio que huir del canillita. (140808)